miércoles, 6 de enero de 2016

TEMA 4-B. EL TEATRO CLÁSICO FRANCÉS

Tras la caída del Imperio Romano, durante el largo período medieval, se produjo un olvido general del teatro clásico. Pero esto no quiere decir que el teatro desapareciera totalmente, ya que sobrevivió el espectáculo teatral o parateatro (bufones, acróbatas y juglares), que se manifestó bajo formas teatrales ligadas a las fiestas religiosas: Carnavales y Danza de la Muerte. 

Hacia el s.XII, el arte teatral renace en el interior de las iglesias, en las representaciones que conmemoraban las fiestas cristianas: Navidad y Pascua. Poco después sale al atrio de las iglesias y más tarde, a la calle y a las plazas. Tenemos ejemplos en diversos países:

A. En Francia: los miracles (historia de un pecador salvado milagrosamente por la Virgen), como el Miracle de Theophile         (S.XIII) y, en el s. XIV, los misterios y moralidades (de intención didáctica y religiosa).

B. En España: los autos sacramentales y las representaciones teatrales religiosas de Navidad y Pascua.

A partir del XIV, por iniciativa de humanistas italianos, resurge el teatro clásico en latín y, después, en lengua romance, escrito para ser leído: se trata de la comedia humanística (antecedente de La Celestina). En las cortes europeas del s. XV nace un teatro cortesano de temática profana y de inspiración clásica.

EL TEATRO EUROPEO DE LOS SIGLOS XVI Y XVII


Vamos a encontrar un desarrollo paralelo en distintos países europeos: de las formas dramáticas medievales, religiosas o profanas, se pasa, de una parte, a manifestaciones de teatro popular (farsas, enredos novelescos o improvisaciones) y, de otra, a las formas de teatro culto.

1. En Inglaterra y España, el teatro popular es dignificado por Lope y Shakespeare, y triunfa sobre el teatro culto, cortesano.

2. En Francia será el teatro cortesano y de moldes clásicos el que triunfe a partir de 1630.

3. La gran aportación italiana al teatro es la commedia dell’ arte. Surgida en la Italia del siglo XVI, se trata de un género de teatro popular en el que, sobre un breve guión, los actores improvisan. De tono satírico e irreverente, sus antecedentes se encuentran en las comedias griegas de Aristófanes y Menandro y las latinas de Plauto y Terencio. El elemento carnavalesco se aprecia en la utilización de máscaras, lo que proporciona una gran importancia a la expresión corporal de los actores. La commedia dell ´arte era un teatro coral en el que no había protagonistas indiscutibles. Presentaba una galería de arquetipos con unas características propias e intransferibles: Arlequín (gracioso que enreda la trama), Polichinela (gracioso que pretende hablar culto y habla sin sentido), el Capitán (fanfarrón, con actitud de conquista hacia las mujeres que acaba siendo objeto de burla), los enamorados... Este tipo de teatro popular y ambulante influyó en grandes autores europeos, como Molière, en Francia; Lope de Vega, en España; y Shakespeare, en Inglaterra. 

 

EL TEATRO CLÁSICO FRANCÉS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII.

 

En la primera mitad del siglo XVI pervivían en el teatro francés los géneros medievales, como los misterios, pero hacia la mitad del siglo cobraron fuerza las representaciones de los comediantes italianos, imitados pronto por las compañías francesas. Poco a poco el teatro fue derivando hacia un barroquismo similar al que se daría en España, y en los últimos años de este siglo y las primeras décadas del XVII triunfó claramente el teatro barroco, caracterizado por la transgresión de las reglas: ruptura de las unidades de lugar, tiempo y acción, mezcla de lo trágico y lo cómico, etc. 

Este teatro ajeno a las reglas se prolongó hasta el primer tercio del siglo XVII. En los años treinta de este siglo se dio un fuerte impulso a la reacción contra el Barroco. En el teatro, este cambio vino dado por la insistencia con que los preceptistas reclamaban una vuelta a las normas clásicas aristotélicas. Por otro lado, a partir de Descartes, cuyo Discurso del método es de 1637, fue ganando terreno la importancia de la razón como instrumento para interpretar el mundo, con lo que se impuso el gusto por lo comedido, lo equilibrado y lo claro. En Inglaterra y España, por el contrario, sigue triunfando un teatro alejado de los preceptos.

Este giro hacia el Clasicismo fue bien acogido por el poder, que veía en este teatro alejado de los excesos un mayor refinamiento aristocrático. Sus rasgos esenciales son: 

a. Clara separación entre comedia y tragedia. La primera siempre se escribe en verso, la comedia podía estar escrita en verso o en prosa.

b. Distribución de los personajes según los géneros: los nobles o graves eran exclusivos de la tragedia; y los burgueses y los plebeyos, de la comedia.

c. Imposición de las tres unidades de lugar, tiempo y acción.

d. División de la obra en cinco actos.

e. Exclusión de todo tipo de excesos (escenas truculentas, aparato escénico complicado, etc) considerado de mal gusto.

Se considera esta etapa de Clasicismo como la edad de oro del teatro francés, ya que en ella se encuentran tres de sus más grandes dramaturgos: Pierre Corneille, Jean Racine y, por encima de todos, Molière.

 

AUTORES:


PIERRE CORNEILLE


Corneille (1606-1884) tuvo sus primeros éxitos con un teatro que no contemplaba los preceptos, hasta que en 1636 se representó su obra El Cid, inspirada en Las mocedades del Cid del español Guillén de Castro. La obra obtuvo gran éxito, pero también suscitó una enconada polémica, ya que los preceptistas le reprocharon que no se ajustara a las normas clásicas, en un momento en el que el Clasicismo se imponía con fuerza. El dramaturgo aceptó las críticas y en sus siguientes obras acató los preceptos que se le demandaban. Escribió entonces sus mejores tragedias: Horacio, Cinna y Poliuto. 
También fue un importante comediógrafo. En este terreno destacan Mélite y El mentiroso (imitando La verdad sospechosa de Ruiz de Alarcón). Recibió importantes reconocimientos, pero hacia la mitad de siglo su fuerza creadora se fue debilitando y, aunque aún escribió numerosas obras, no volvió a obtener el éxito conseguido con las anteriores. 
A Corneille se le reconoce el mérito de haber diseñado el modelo de la tragedia francesa, que posteriormente desarrolló y mejoró Jean Racine, más joven que él. 


JEAN RACINE


La educación jansenista de Jean Racine (1639-1699), de una acentuada severidad moral, lo marcó profundamente en su concepción de la tragedia, impregnada siempre de un grave pesimismo. Sus personajes viven siempre insalvables dramas interiores provocados por pasiones irrefrenables. De este modo, el amor aparece en sus tragedias como un sentimiento destructivo marcado por la fatalidad.
El estilo de sus tragedias es elevado, sobrio y elegante, y están estructuradas con un rigor absoluto; todos los elementos dramáticos están estrictamente al servicio de la acción, la cual plantea una única crisis conducida con mano segura hacia un desenlace inexorable y desgraciado.
Aunque su producción literaria es abundante, la creación de sus más grandes tragedias se concentra en unos pocos años: Andrómaca (1667), Británico (1669), Berenice (1670), Ifigenia (1674) y la que se considera su obra maestra, Fedra (1677).



JEAN-BAPTISTE POQUELIN, MOLIÈRE


Jean-Baptiste Poquelin, más conocido por el seudónimo de Molière (1622-1673), está considerado como uno de los grandes dramaturgos de todos los tiempos. Nació en París en 1622. Hijo de un tapicero real, recibió una esmerada formación con los jesuitas, lo que le auguraba un porvenir acomodado, pero a los 20 años renunció a él para dedicarse al teatro. Con 21 años fundó junto a la familia Béjart su propia compañía teatral, con la que recorrió Francia, alternando el oficio de actor con la creación de sus propias obras. Tras su regreso a París en 1658, comenzó a obtener sus primeros éxitos con divertidas farsas en las que ya se entreveían las comedias de caracteres, que acabaron por consagrarlo. Su crítica social le granjeó enconadas enemistades; sin embargo, gozó de la protección de Luis XIV. En 1673, durante una representación de El enfermo imaginario, sufrió un ataque y murió pocas horas después.
Molière es el creador de la comedia moderna, en la que funde los elementos cómicos de la farsa tradicional francesa e italiana (la Commedia dell' arte), con la descripción de los vicios y las virtudes de la sociedad de su tiempo, y  un penetrante análisis de la psicología de sus personajes (todos ellos verosímiles y reconocibles por el público). Estos elementos se ensamblan con una extraordinaria habilidad teatral a través de diálogos muy vivaces.
Aunque tuvo que doblegarse a las normas clásicas, no lo hizo sin advertir que una comedia podía ser excelente sin respetarlas. Su objetivo era el de divertir al gran público («la gran regla de todas las reglas es gustar»), pero, por medio de la diversión, consiguió hacer una crítica de la falsedad e hipocresía de su época. Conocedor y admirador de la comedia latina de Plauto, dio vida a una serie de personajes y de debilidades humanas a los que pone en ridículo en sus obras: el avaro amante del dinero en El avaro (1668); el nuevo rico, en El burgués gentilhombre (1670); la mujer pedante y pretenciosa en Las preciosas ridículas (1659); el médico de lenguaje oscuro, en El médico a palos (1666) o en El enfermo imaginario (1673); una apología de la tolerancia y la libertad de educación femenina en La escuela de las mujeres (1662), que fue acusada de licenciosa e inmoral; y, por último, la religiosidad hipócrita, en el Tartufo
Esta obra es una sátira contra la hipocresía religiosa. El protagonista que da título a la obra es un farsante que, fingiendo ser un colmo de bondades con la finalidad de lucrarse, se gana la confianza y el favor de Orgón, un necio beato y rico que lo acoge en su casa y pretende integrarlo en la familia casándolo con su propia hija. Tartufo logra ser nombrado heredero de todos los bienes de Orgón, pero es descubierto intentando seducir a su esposa. Al final un oficial real imparte justicia en nombre de Luis XIV y se lleva preso al impostor. La obra tuvo una primera versión en tres actos en 1664, pero el escándalo que causó en algunos sectores eclesiásticos provocó su prohibición. Molière presentó ante el rey otra versión en 1667, que volvió a ser prohibida. Finalmente, en 1669 se representó una nueva versión en cinco actos, auspiciada y protegida por el propio rey, la cual consiguió un éxito sin precedentes.
En algunos textos, la sátira de Molière se tiñe de amargura y pesimismo, lo que da lugar a las llamadas «obras graves»: el ya mencionado Tartufo; El misántropo, que recrea el tipo de quien siente odio hacia el ser humano y la sociedad; y el Don Juan o el festín de piedra, en el que el personaje de Tirso de Molina  se convierte en un joven rebelde, frío y analítico que se complace  en transgredir todas las normas éticas.

1. [Tartufo se ha ganado la confianza de Orgón, por lo que frecuenta su casa. Sin embargo, los otros miembros de la familia (Elmira, su segunda mujer, Cleanto, el hermano de esta, Damis y Mariana, hijos del primer matrimonio de Orgón, y Dorina, la doncella de Mariana) lo detestan. Tartufo, con su hipocresía, tiene obnubilado a Orgón, el cual solo tiene ojos para él]:

ORGÓN.–Permitidme que, para disipar preocupaciones, me informe un poco de las últimas nuevas de por aquí. (A Dorina.) ¿Todo ha ido bien en estos días que he estado fuera? ¿Cómo están todos?

DORINA.–La señora tuvo ayer una calentura que le duró hasta el amanecer y una jaqueca que no os podéis imaginar.

ORGÓN.–¿Y Tartufo?

DORINA.–¿Tartufo? A las mil maravillas. Gordo y rollizo, reluciente, colorados los labios…

ORGÓN.–¡Qué alma de Dios!

DORINA.–Al caer la noche el ama tuvo unas fuertes náuseas y no pudo en la cena probar bocado, pues le duraba todavía el fuerte dolor de cabeza.

ORGÓN.–¿Y Tartufo?

DORINA.–Cenó él solito, delante de ella y con mucha devoción se comió dos perdices, con la mitad de una pierna hecha picadillo.

ORGÓN.–¡Qué alma de Dios!

DORINA.–El ama pasó la noche sin poder pegar ojo. Con unos sofocos que le entraron no pudo dormir: hasta el amanecer hubimos de velar a su lado.

ORGÓN.–¿Y Tartufo?

DORINA.–Ganado por un sueño dulcísimo pasó a su alcoba nada más levantarse de la mesa. Se metió al punto en su lecho, bien calentito, y allí… sin rechistar, hasta la mañana siguiente.

ORGÓN.–¡Qué alma de Dios!

DORINA.–Al final, convencida por nuestras razones, se resolvió a la sangría y el alivio fue casi inmediato.

ORGÓN.–¿Y Tartufo?

2. [Orgón desea casar a su hija Mariana con Tartufo, pese a la oposición de toda la familia y de ella misma, prometida con Valerio. Tartufo, por otra parte, aumenta cada vez más su hipocresía, porque es capaz de proponer adulterio a Elmira cuando antes se ha mostrado ridículamente púdico ante Dorina]:

TARTUFO.–(Viendo a Dorina.) Laurent, guardad mi cilicio y mi disciplina y rezad a Dios para que siempre os ilumine. Si viene alguien a verme, decidle que estoy con los cautivos, repartiéndoles el dinero de las limosnas.

DORINA.–¡Cuánta jactancia y cuánta fanfarronada!

TARTUFO.–¿Qué queréis?

DORINA.–Deciros…

TARTUFO.–(
Saca un pañuelo de su bolsillo.) Por Dios, antes de empezar a hablar, coged este pañuelo.

DORINA.–¿Cómo?

TARTUFO.–Cubríos ese pecho, que no querría mirarlo. Con cosas semejantes se quedan las almas turbadas y así llegan los malos pensamientos.

DORINA.–Bien sensible sois a las tentaciones, que el ver la carne tanto os altera. En verdad no sé qué sofocos son esos que os entran: lo que es a mí no me vienen tan fácilmente los deseos, que en cueros habría de veros y no me habríais de tentar.

TARTUFO.–Poned un poco de recato en vuestro lenguaje u os dejo al punto.

DORINA.–No, no, soy yo quien va a dejaros tranquilo, que no tengo más que dos palabras que deciros. La señora va a bajar aquí, a la sala, y os pide que le concedáis la merced de un momentito de charla.

3. [Damis, hijo de Orgón, ha presenciado el cortejo de Tartufo a Elmira, y se lo cuenta a su padre, el cual, en vez de censurar a Tartufo, cae rendido ante la confesión de su pecado, y le hace donación de sus bienes. Pero Elmira, resuelta en que su marido averigüe la perversa hipocresía de Tartufo, pide a Orgón que se esconda para que presencie una escena entre ella y Tartufo, en la que ella muestra un hipócrita amor por él para desenmascararle con sus mismas armas. Orgón escucha la pésima impresión que tiene Tartufo de él, y se presenta ante Tartufo]:

TARTUFO.–(Sin ver a Orgón.) Todo se une para hacerme feliz. He pasado revista a todos estos aposentos: nadie se encuentra en ellos; mi alma, radiante de felicidad…

ORGÓN.–(
Deteniéndole.) Despacio, amigo, que os dejáis llevar demasiado por vuestros ardores y no debierais abandonaros así a las pasiones. ¡Así que, hombre virtuoso, me pretendéis deshonrar! ¡Cómo sucumbe vuestra alma a las tentaciones! ¡Os casabais con mi hija, cuando estabais deseando a mi mujer! Mucho me ha costado creer que estuvierais hablando en serio, que no podía dejar de pensar que de un momento a otro ibais a cambiar de tono. Mas ya está bien de pruebas. Con las que tengo me basta y no quiero más.

ELMIRA.–(
A Tartufo.) Va contra mi talante hacer todo lo que he hecho; mas me han puesto en el trance de trataros así.

TARTUFO.–¿Cómo? ¿Creéis?

ORGÓN.–¡Ea, sin escándalos, hacedme la merced! Salgamos de aquí, y sin más dilaciones.

TARTUFO.–Mi intención…

ORGÓN.–Todas esas palabras ya están fuera de lugar. Habéis de salir al punto de la casa.

TARTUFO.–Sois vos quien de ella habéis de salir, vos que habláis como si fueras el amo: esta casa me pertenece y así haré que se me reconozca.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

TEMA 4-A. EL TEATRO CLÁSICO EUROPEO. EL TEATRO ISABELINO EN INGLATERRA. SHAKESPEARE Y SU INFLUENCIA EN EL TEATRO UNIVERSAL.

Tras la caída del Imperio Romano, durante el largo período medieval, se produjo un olvido general del teatro clásico. Pero esto no quiere decir que el teatro desapareciera totalmente, ya que sobrevivió el espectáculo teatral o parateatro (bufones, acróbatas y juglares), que se manifestó bajo formas teatrales ligadas a las fiestas religiosas: Carnavales y Danzas de la Muerte.

El nacimiento del teatro medieval, al igual que ocurrió en el teatro griego, estuvo muy asociado al culto religioso. Hacia el s. X el arte teatral renace en el interior de las iglesias.  

Las primeras producciones teatrales son los dramas litúrgicos, nacidos en el interior de las iglesias, consistentes en una representación dialogada en latín que el clero añadía a los oficios sagrados. En el s. X se documenta en Francia un drama litúrgico escrito en latín titulado Quem quaeritis?, donde un ángel dialoga con tres mujeres que visitan el sepulcro de Cristo. Paulatinamente la lengua latina es sustituida por la vulgar, con lo que se facilita el acceso del gran público al mensaje doctrinal. 

A partir del s. XIII se desarrollan dos modalidades de teatro religioso: los milagros, basados en historias piadosas en las que la Virgen o los santos intervienen milagrosamente para salvar a un devoto; y los misterios, inspirados en episodios bíblicos, especialmente en acontecimientos de la vida y muerte de Cristo.

Con el paso del tiempo tuvo lugar un proceso de secularización en el cual los dramas furon acercándose a la calle: primero pasaron a los atrios de los templos; después, a las plazas de los pueblos. Con esta desvinculación del marco de la iglesia por parte del teatro, fue posible el surgimiento de nuevas fórmulas teatrales de carácter profano, con un fuerte contenido cómico, cuya finalidad era la de divertir. La culminación de este proceso se da en el siglo XV con los siguientes subgéneros dramáticos: las moralidades, piezas cómicas de intención moralizante donde se ridiculizan los vicios de la humanidad por medio de personajes alegóricos; las farsas, pequeñas comedias de costumbres, cuya única intención es hacer reír; y el teatro cortesano, desarrollado en la segunda mitad del siglo XV.

 

EL TEATRO EUROPEO DE LOS SIGLOS XVI Y XVII



A partir del siglo XVI vamos a encontrar un desarrollo paralelo del teatro en distintos países europeos:  de las formas dramáticas medievales, religiosas o profanas, se pasa, de una parte, a manifestaciones de teatro popular (farsas, enredos novelescos o improvisaciones) y, de otra, a las formas de teatro culto:

1. En Inglaterra y España, el teatro popular es dignificado por Lope y Shakespeare, y triunfa sobre el teatro culto, cortesano.

2. En Francia será el teatro cortesano y de moldes clásicos será el que triunfe a partir de 1630.

3. La gran aportación italiana al teatro es la commedia dell’ arte. Surgida en la Italia del siglo XVI, se trata de un género de teatro popular en el que, sobre un breve guión, los actores improvisan. De tono satírico e irreverente, sus antecedentes se encuentran en las comedias griegas de Aristófanes y Menandro y las latinas de Plauto y Terencio. El elemento carnavalesco se aprecia en la utilización de máscaras, lo que proporciona una gran importancia a la expresión corporal de los actores. La commedia dell ´arte era un teatro coral en el que no había protagonistas indiscutibles. Presentaba una galería de arquetipos con unas características propias e intransferibles: Arlequín (gracioso que enreda la trama), Polichinela (gracioso que pretende hablar culto y habla sin sentido), el Capitán (fanfarrón, con actitud de conquista hacia las mujeres que acaba siendo objeto de burla), los enamorados... Este tipo de teatro popular y ambulante influyó en grandes autores europeos, como Molière, en Francia; Lope de Vega, en España; y Shakespeare, en Inglaterra.

      
                       
1. EL TEATRO ISABELINO EN INGLATERRA.

Dado que el Renacimiento se desarrolló en Inglaterra más tarde que en el resto de Europa, las manifestaciones literarias medievales se prolongaron hasta bien entrado el siglo XVI. El teatro no fue una excepción y durante la primera mitad de este siglo predominó un teatro religioso de procedencia medieval. Sin embargo, como también ocurrió en España, se fueron abriendo paso poco a poco un teatro cortesano, que se representaba en las Universidades, y un teatro popular. Este último sería el que acabaría triunfando y dando lugar al teatro isabelino inglés, que cubre las dos últimas décadas del siglo XVI y casi toda la primera mitad del siglo XVII. La denominación se debe a que se gestó durante el reinado de Isabel I (1559-1603), aunque también se extendió a los reinados de Jacobo I (1603-1625) y de Carlos I (1625-1649).

A. LOS TEATROS Y EL PÚBLICO

El teatro popular inglés comenzó a representarse en escenarios improvisados, como los patios de posadas, a los que acudía un público variopinto. Pero al iniciarse el ciclo isabelino ya existían lugares expresamente construidos para las representaciones teatrales. Los más importantes se edificaron en las proximidades de Londres, ya que el teatro estaba prohibido dentro de la ciudad. Especialmente destacados fueron The Swan, de forma circular, y The Globe, de forma hexagonal. Estas formas permitían que la mayor parte del público se distribuyera en el patio central del edificio, al aire libre, en torno del escenario, que ocupaba parcialmente lo que hoy sería el patio de butacas. Las representaciones se hacían solo en las temporadas de clima benigno.
Del mismo modo que en los corrales de comedias españoles, el público de estos teatros estaba integrado por gente de toda condición, con un predominio del estamento popular, por lo que sus gustos, al margen de los preceptos clasicistas, se imponían. Era un público que reclamaba diversión y emoción, y a estas exigencias se entregaron sin resistencia todos los autores.

                                

B. CARACTERÍSTICAS DEL TEATRO ISABELINO

Aspecto actual del teatro The Globe, en Londres.
1. Se transgreden las unidades aristotélicas de lugar, tiempo y acción.
2.  Se mezcla la tragedia con la comedia.
3. Se mezclan, igualmente, los personajes nobles con los plebeyos.
4.  En una misma obra pueden alternar el verso y la prosa.
5. Circunscritas al drama o a la tragedia, merece especial atención la creación de piezas de tema histórico, que generaron un apasionado interés por el pasado, a menudo agitado y violento, de Inglaterra.




C. PRINCIPALES AUTORES

A causa del interés del público por la renovación constante de las novedades teatrales, sería muy extensa la nómina de autores que se podrían citar. En cuanto a la autoría de las obras, es difícil atribuirla con seguridad en un número elevado de ellas, porque con frecuencia una misma pieza podía ser escrita por varios autores; además, era frecuente que una obra fuera refundición de otra anterior, ya que no existía una conciencia arraigada de la propiedad sobre la creación dramática.

Thomas Kyd (1558-1594): fue uno de los primeros representantes del teatro isabelino. A él se debe una de las obras que marcaron el camino de la "tragedia de venganza", la "Tragedia española", que pudo ser la base para que Shakespeare escribiera "Hamlet".

Christopher Marlowe (1564-1593): en cuya biografía se encuentran muchos puntos oscuros y misteriosos (episodios de espionaje, muerte violenta no del todo esclarecida...), fue quizá el mejor dotado de los dramaturgos anteriores a Shakespeare. Destaca, sobre todo, por su "Tragedia del doctor Fausto" (1558), primera versión teatral de la leyenda alemana que siglos después Goethe elevaría  a la categoría de mito. Siguieron a esta obra "El judío de Malta" y "Eduardo II", que sirvieron a Shakespeare para la composición de "El mercader de Venecia" y "Ricardo II".

Benjamin Jonson (1572-1637): fue amigo de Shakespeare y actor como él. Alternó la poesía y el teatro: como poeta fue laureado en fecha imprecisa, y como dramaturgo triunfó en los teatros durante más de veinte años, especialmente como autor de comedias. A este género pertenece su obra más destacada, "Volpone", de tema misantrópico, una obra maestra del humor.


WILLIAM SHAKESPEARE



De la vida de uno de los más grandes genios que ha dado la literatura universal no son muchos los datos seguros que se poseen. Nació en Stratford-on-Avon en 1564, hijo de un comerciante acomodado. Poco se sabe de su formación académica, lo más probable es que realizara estudios primarios en la escuela de su ciudad y que la abandonara pronto para trabajar como aprendiz de algún oficio. Se sabe que se casó a los 18 años y que pronto se vio con tres hijos. Durante años su pista se esfuma y reaparece en Londres en 1592, cuando comenzó a ser conocido como actor y autor. Formó parte de varias compañías teatrales, incluida la más importante de ellas, protegida por Lord Chamberlain. Sus éxitos se sucedieron y pronto alcanzó una posición económica desahogada, hasta el punto de que en 1599 ya había creado su propia compañía, con la que se instaló en el teatro The Globe. Durante estos primeros años, en Londres, se dedicó especialmente al drama histórico y a la comedia, en ocasiones refundiendo obras de otros autores coetáneos o tomando como punto de partida obras de otras épocas y literaturas.
El cambio de siglo fue un punto de inflexión en la producción de Shakespeare. Su obra abandonó el tono cómico y se adentró en terrenos sombríos y de una profundidad sobrecogedora. Fue la etapa de sus más grandes tragedias (Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth). Solo Romeo y Julieta, tragedia igualmente grandiosa, fue creada en su etapa anterior.
Pasados unos años volvió a dar un giro en su carrera, regresando a la comedia. Su última obra, La Tempestad, que figura también entre sus mejores creaciones, es de 1611.
De todo este tiempo, en el que Shakespeare daba al teatro algunas de las más importantes obras de la historia, se ignoran los detalles íntimos de su vida. Sí se sabe que en los últimos años vivió retirado en su ciudad natal, donde había adquirido importantes propiedades. Murió el 23 de abril de 1616.


EL TEATRO DE SHAKESPEARE
 

Las 37 obras que conforman la producción dramática de Shakespeare constituyen tal vez el legado más impresionante de las letras inglesas. Su singularidad no se debe, sin embargo, a los planteamientos y los esquemas con que construía sus obras (para los que asumió las directrices que impuso el teatro isabelino), ni a la originalidad de las historias que abordaba, tomadas la mayoría de obras anteriores. Su grandeza hay que buscarla en:

a) Su estilo es asombrosamente rico: el dominio extraordinario de la lengua inglesa que el autor muestra le permite abarcar con maestría desde la expresión más exquisita y sublime hasta el gracejo del habla popular.


b) Tan potente riqueza estilística se puso al servicio de una aguda capacidad para impulsar los resortes de la emoción, de manera que el espectador no puede permanecer indiferente ante las palabras de sus personajes.


c) Elevó a sus criaturas a la categoría de personajes universales, al encarnar las pasiones más arrebatadoras (amor, celos, envidia, ambición...), pero sin someterlos al corsé deshumanizador de los prototipos.


d) Particularmente valiosa es su concepción del personaje cómico (clown) como contrapunto de los personajes más graves. Si en otros autores este personaje sirve para poner la nota cómica y aliviar la tensión de las situaciones dramáticas, en Shakespeare adquiere otra dimensión: sus intervenciones, sin perder el tono irónico, alcanzan en ocasiones auténtica hondura filosófica, de modo que el humor es con frecuencia más amargo que burlesco y la tensión dramática no se aligera, sino que se refuerza. 
 

LAS COMEDIAS

Fotograma de la película “El sueño de una noche de verano” (Max Reinhardt, 1935) 

El enredo de raíz clásica (Plauto, Terencio) e italiana fue el punto de partida para la creación de las comedias de Shakespeare. En ellas el autor estudia todas las clases sociales, por lo que constituyen un reflejo de la sociedad. Sin embargo, sus personajes están lejos de ser meros estereotipos, sino criaturas de carne y hueso perfectamente individualizadas. Sin pretender ser aleccionadoras, de sus comedias se infieren los peligros de las actitudes nocivas, pero siempre se resuelven felizmente.

Son buena muestra de todo ello las comedias de la primera etapa del autor, entre las que destacamos La comedia de las equivocaciones, El mercader de Venecia, La fierecilla domada, Sueño de una noche de verano, Las alegres comadres de Windsor. Aunque predomina en las comedias el tono burlesco, algunas de ellas se tiñen de gravedad y melancolía. Es lo que se observa en las que escribió en la misma época de sus grandes tragedias: A buen fin no hay mal principio, Medida por medida.  De su última estapa destaca La Tempestad, en la que la fantasía y la magia colman de lirismo una obra optimista y serena.


LAS OBRAS HISTÓRICAS
 

Una de las fuentes principales en el desarrollo del teatro isabelino fue la propia historia de Inglaterra. El pueblo inglés, que vivía con el reinado de Isabel I una relativa situación de paz, reclamaba con verdadero entusiasmo ahondar en el pasado cruento y belicoso de su país. Shakespeare no fue insensible a esta demanda y escribió diez piezas históricas, entre dramas y tragedias, la mayoría durante la última década del siglo XVI:  Enrique IV, Ricardo III, Ricardo II, etc. El interés de estas obras no radica ya en las circunstancias o los episodios concretos del pasado, sino en la pasión con que se presentan las ambiciones humanas, relacionadas con el poder.

LAS OBRAS ROMANAS

 

Los entresijos del poder también fueron sondeados por Shakespeare en la historia de Roma. Tampoco interesa aquí lo puramente histórico, sino la profundización en los conflictos internos de los personajes. La tiranía, la justicia, el deber patriótico son algunos de los temas sobre los que reflexiona el autor en estas obras, en ocasiones sacudidas por un vendaval de violencia: Tito Andrónico, Julio César...

LAS GRANDES TRAGEDIAS

Es en la tragedia donde el genio de Shakespeare se muestra con mayor brillantez. Este género, también, es el que le ha granjeado la máxima gloria. Son innumerables las versiones teatrales y adaptaciones cinematográficas que se han hecho de sus grandes tragedias. La creación de estas obras se concentra en unos pocos años. Salvo Romeo y Julieta, escrita en su primera época (1597), las tragedias más sobresalientes fueron creadas entre 1601 y 1606. En ellas, Shakespeare suele combinar verso y prosa, y en su lenguje caben desde la expresión más exquisita hasta el registro más vulgar.

Hamlet, probablemente la obra de teatro más representada de todos los tiempos, fue escrita en varias versiones entre 1601 y 1606. Representa la lucha interna de un joven desgarrado ante el descubrimiento del mundo podrido que le toca vivir. Hamlet, el hijo del difunto rey de Dinamarca, ha caído en la melancolía tras la muerte de su padre. Su madre se ha casado con Claudio, el nuevo rey, tío de Hamlet y hermano del rey muerto. Una noche, Hamlet ve el espectro de su padre, quien le cuenta que ha sido asesinado por Claudio para llegar a ser rey y desposar a su madre. A Hamlet le corresponde la venganza del asesinato, pero se angustia ante la acción y busca excusas para posponer la venganza. Se finge loco a fin de que en la corte no se sospeche lo que trama. Finalmente su madre muere envenenada con el vaso de vino emponzoñado que estaba destinado a su hijo, Claudio es asesinado por Hamlet en un duelo a espada y Hamlet también perece, herido por la punta envenenada del florete de su tío.

Otelo, el moro de Venecia, fue escrita hacia 1603. Desarrolla el tema del poder destructivo de los celos. Otelo, recién casado con Desdémona, es enviado a Chipre como nuevo embajador veneciano. Hasta allí se traslada con su esposa y algunos oficiales a su cargo. Entre ellos está Yago, que siembra en Otelo la sospecha de la infidelidad de su esposa, inocente y ajena a las manipulaciones que contra ellos se traman. El protagonista, víctima de unos celos irrefrenables y de la confianza depositada en Yago, se cree las acusaciones contra Desdémona y se desencadena la tragedia. Muerta Desdémona a manos de su esposo, se descubre la oscura trama y Otelo se quita la vida. Frente a la compasión que despiertan Desdémona y, en cierta medida, Otelo, destaca la configuración del personaje de Yago, que ha pasado a la historia como símbolo de la manipulación diabólica.

El rey Lear, escrita hacia 1605, es probablemente la tragedia de mayor alcance moral, ya que en ella se dirimen, en un sentido amplio, las grandes fuerzas que mueven el mundo, el Bien y el Mal. Este tema se concreta en la historia de Lear, el rey que, en el reparto de su reino, comete una evidente injusticia con Cordelia, la menor de sus tres hijas. En el desarrollo de la obra asistimos a la ingratitud de las dos hijas favorecidas y a la fidelidad amorosa de la hija perjudicada que, no obstante su desprendimiento y generosidad desmedidos, es finalmente incapaz de rescatar a su padre del desenlace trágico. Este es provocado por su propia injusticia inicial y por el terrible abandono a que lo abocan las hijas ingratas, movidas por la ambición. El progresivo deterioro del rey desemboca en la locura. Durante la obra, el conflicto entre el Bien y el Mal se manifiesta en la oposición entre otros conceptos: fidelidad e ingratitud, amor y odio, lucidez y locura. Especial interés tiene el personaje del bufón, que desde su posición de loco profesional, es capaz de proferir las más profundas verdades con un lenguaje extrano rayano en el surrealismo.

Macbeth, de 1606, trata como tema principal la ambición desmedida y sus consecuencias nefastas. Macbeth, servidor y primo del rey Duncan, concibe a partir de unas profecías la  posibilidad de llegar a reinar algún día. Instigado por su esposa, lady Macbeth, asesina al rey, a quien debe lealtad y gratitud, y comienza una espiral de horrendos crímenes para asegurar que nada se opondrá a sus ambiciosos planes. Ligados al tema de la ambición  aparecen de este modo los temas de la traición y la desleltad. Los planes de Macbeth se truncan cuando malinterpreta nuevas profecías y es aniquilado por personajes sedientos de venganza y justicia. Previamente, lady Macbeth ha sido derrotada por sus propios remordimientos. Junto al tono general de horror y espanto, destaca en Macbeth la presencia de lo fantástico y lo sobrenatural.